domingo, 28 de julio de 2013

    Había una vez un jardinero, el más conocido del barrio. Le iba muy bien, porque era el más conocido de la zona y el mejor, ya que cumplía con los horarios, hacía  bien su trabajo y nunca se quejaba de nada. Se llamaba armando y era muy  buen señor. Todo el mundo lo quería por su simpatía y por la forma de enfrentarse a las cosas, con tranquilidad y calma. Armando era un señor alto, rellenito con pelo corto de color negro en mechones blancos y barba. Tenía una hermosa familia, una esposa llamada Roxana y tres hijos, dos varones y una nena. El hijo mayor se llamaba Alexis, un muchacho muy inteligente; el del medio, Tomas, aunque los amigos le decían “Chipola” porque la cabeza parecía una cebolla, y la hermanita menor se llamaba careen, una joven muy preciosa.
                              Un día, Don Armando recibió un llamado a su celular del trabajo. El llamado era de un nuevo cliente que hacía llamado con el propósito de que Armando fuera a trabajar a sus tierras porque necesitaba un buen jardinero y muchas personas se lo habían recomendado. Armando, luego de fijarse en su agenda, acordó para los lunes en la mañana, el cliente acepto. Armando quedo sorprendido por la voz del muchacho, pero no le dio importancia. Era domingo por la noche y empezó a armar todo lo que tenía que llevar de jardinería. Luego de armar todo, se fue a la cama con su esposa pero antes saludo a los hijos y les deseo buenas noches. El jardinero soñó con la casa del nuevo cliente, soñó como si fuera una casa muy extraña y cuando estaba a punto de abrir la puerta de la casa desde el jardín, sonó el despertador. Don Armando se subió  a su camioneta y se dirigió  a la casa del nuevo cliente. La casa tenia aspectos muy parecidos con la casa que había soñado el jardinero. Desempacó todas las cosas y tocó la puerta, lo hizo una y otra vez pero nadie contestaba. Luego observando bien noto que había una pequeña nota sobre la ventana al lado de la puerta que decía: Armando  disculpa las molestias es que tuve que ir a trabajar. Por favor entra por la puerta reja de costado que da a jardín y empezá hacer lo tuyo. Muchas gracias perdón por no poder atenderlo.
                Armando tomo todas sus cosas y se dirigió  hacia la reja para entrar al jardín. Allí había otra nota que decía: Armando: si necesitás algo de beber, en la mesa del jardín hay una limonada. Espero que te guste. Entro al jardín y notó que estaba muy descuidado como si nadie saliera a jugar o hacer otra cosa desde hacía años. Empezó a trabajar porque tenía mucho que hacer por delante. A la hora,  muy cansado, tomó un descanso y fue a beber la limonada que aún se encontraba fresca. Muy sediento, se tomó toda la limonada y notó que en la jarra había otra nota que decía:
 Armando veo que viniste a tomar la limonada que te preparé. Todo lo que necesitás, está en el quincho: hay un baño una parrilla entre otras cosas. A la casa, no entres. Muchas gracias.
                                       A Don Armando leyó muy aténtame. Don armando salió del jardín para ir a buscar su camioneta la bordadora,  se cruzó con un vecino de  del nuevo cliente. El vecino le dije: “¿asique vamos a tener nuevos vecinos? Hace mucho tiempo que no tenemos uno”. El jardinero muy confundido por la situación, le responde con mucha amabilidad: “Me parece señor que esta confundía. El dueño de la casa me llamó  para que trabajara para él” y el señor le respondió: “Mire no estoy confundido. Acá murió una familia hace 10 años y desde entonces nadie compra la casa”.
                              El jardinero volvió al jardín con la bordadora muy sorprendido, pensando en lo que le había dicho el vecino. Siguió trabajando como si no hubiera escuchado nada de lo que había dicho el vecino. Ya eran las 10:00 am y era hora de que el jardinero se fuera. Empaco todas sus cosas y se dirigió hacía la reja donde había una nota que decía: Me encanta cómo quedo el jardín. Muchas gracias, Armando. La llave de la reja está en la casa.

                                           Armando del hambre y el cansancio que tenía para ir a la casa, no se dio cuenta de que la nota podía decir “me encanta cómo quedó el jardín” porque si pusiera eso, el dueño de la casa tendría que estar ahí y no estar trabajando como él decía y tampoco se dio cuenta de que alguien tuvo que cerrar la puerta porque siempre estuvo abierta. El jardinero fue a la casa a agarrar la llave para poder irse, pero no se acordó qué en una de las notas, que le había dejado el nuevo cliente decía que el jardinero no podía entrar a la casa. El jardinero entró y la puerta de la casa se cerró de inmediato y nunca más se volvió a saber de él. Todo el mundo estuvo muy triste por la desaparición de Don Armando el mejor jardinero  y hasta ahora nadie supo de él.

1 comentario:

  1. Mejor, Candela! Todavía hay varios errores de puntuación y ortografía, incluso de uso de mayúsculas, pero está mucho mejor...

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